Bolivia l La nueva estrategia, el fraude y la violencia

Por Marcelo Ostria Trigo

Mientras en Bolivia persiste una peligrosa crisis política debido a las  denuncias de fraude en las recientes elecciones, que ha causado una resistencia popular generalizada, el dictador venezolano, Nicolás Maduro, afirmaba que el plan (de agitación y violencia) que trazaron los líderes de izquierda en el Foro de Sao Paulo, está en pleno desarrollo y se está cumpliendo como lo esperaba. «El plan va perfecto –dijo–, ustedes me entienden. Todas las metas que nos hemos puesto en el Foro de Sao Paulo se han realizado. Esto es producto de la unión de los movimientos sociales revolucionarios de toda América Latina, el Caribe y el mundo. Estamos revitalizados». Con otras palabras, el día antes, Diosdado Cabello, número dos del chavismo decía: «Lo que está pasando en Perú, Chile, Ecuador, Argentina, Honduras es apenas la brisita, y viene un huracán bolivariano. Nosotros no estamos aislados en el mundo, por el contrario Venezuela cada día está más consolidada».

Así se confirmaban las versiones sobre el nuevo plan acordado en la reunión del Foro de San Pablo de julio pasado en Caracas: abandono de la vía electoral y emplear la agitación y la violencia para la captura del poder, con la participación activa de los llamados “movimientos sociales”. Maduro se ufanaba: «Esa fue la estrategia que trazamos y vamos mejor de lo que pensábamos» 

El fracaso de la vía electoral para consolidar el Socialismo del Siglo XXI en América Latina, fue atribuido a que se permitían corrientes políticas adversas al populismo, las que, finalmente, estarían en condiciones de desplazar a los gobiernos de los miembros del Foro. Las experiencias de Venezuela y Nicaragua, donde hubo contestatarios que participaban en la política y que llegaron a ser una amenaza para ambas dictaduras, impulsaron la nueva estrategia anunciada  por Maduro y Cabello.

En Bolivia desde 2005, el Movimiento al Socialismo (MAS), afiliado al Foro de San Pablo, ganó elecciones por márgenes  históricos. Luego de trece años en el poder. Parte del apoyo recibido se debió a una época extraordinaria: el alza enorme de los precios internacionales de las materias primas que exporta Bolivia, especialmente gas a Brasil y Argentina. Sin embargo, pasado ese auge, surgió el descontento con el régimen por su ineficiencia, errores, corrupción, derroche, obras gigantescas sin justificación. Eso no fue todo: la Justicia fue puesta, como otras instituciones públicas, al servicio del régimen. Hubo, además violaciones a los derechos humanos.

En febrero de 2016, Evo Morales, que en enero de 2020 completará tres períodos presidenciales consecutivos, juzgó que podía forzar un periodo adicional. Sin reparar que el apoyo  al régimen se había erosionado, convocó a un referendo para consultar a los ciudadanos si estaban de acuerdo en modificar la Constitución, que solo permitía una reelección inmediata. La intención era –y aún es- que se acepte la reelección indefinida y conservar el poder otros cinco años…

Los ciudadanos votaron en contra. Luego, una instancia judicial, desconociendo la voluntad popular, falló en favor del régimen, argumentando que la disposición constitucional objetada coartaba el supuesto derecho humano a ser reelecto indefinidamente. Se seguían los pasos de Venezuela, Nicaragua y, cuando no, de la Cuba castrista.

Tres años, después, en 2019, el partido oficial presentó la candidatura Presidencial de Evo Morales. Y el Tribunal Supremo Electoral, alineado con el gobierno, aceptó esa candidatura que viola la Constitución y desconoce la decisión ciudadana del 21 de febrero de 2016. Este es el mismo organismo que, luego de las elecciones del 20 de octubre de 2019, finalmente informó que el candidato oficial había triunfado en la primera vuelta electoral. No se hizo esperar la acusación generalizada de que ese resultado era fruto de un fraude gigantesco.

Esta vez, la ciudadanía había resuelto, por medio cabildos multitudinarios en las capitales de departamento –los cabildos son reconocidos por la Constitución Política del Estado–, que advirtieron que no reconocerían resultados producto del fraude que ya estaba montado.

El recuento de votos fue lento y tenso. El candidato oficial no alcanzaba el triunfo en la primera vuelta electoral –antes había anunciado una paliza electoral a los opositores. Entonces fue que, sin ninguna explicación, el Tribunal Supremo Electoral, interrumpió el cómputo final.  Luego de esta interrupción, declaró triunfador al candidato oficial en la primera vuelta del 20 de octubre.

La indignación creció aún más. Siguieron, con mayor presencia ciudadana,  las manifestaciones, marchas y bloqueos en protesta. Es más: en el canal de televisión de la Universidad de La Paz, fue entrevistado un ingeniero -luego hizo en CNN en Español- que demostró cómo se había montado y ejecutado el fraude electoral en favor del candidato oficial. Este especialista y la periodista que lo entrevistó fueron amenazados.

Al entregar esta nota, la situación en Bolivia sigue muy tensa.  Las ciudades están paralizadas por los bloqueos. Siguen las  protestas por el fraude, y el presidente Evo Morales, acaba de amenazar, por haberse agotado su paciencia, que da un plazo, hasta el lunes 28 de octubre, para que se levanten los bloqueos y terminen las manifestaciones de protesta. Dijo que, en caso contrario, ordenara que actúe a la fuerza pública.

Lo que sucede ahora en Bolivia, es lo que, el populismo desea evitar con la nueva estrategia de la violencia esbozada por el Foro de San Pablo.

Marcelo Ostria Trigo (América Latina)

CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

Octubre 29, 2019

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