Autonomías en España: preludio de las pretensiones separatistas

Manifestantes pro-separatismo catalán en España

Por José María Lizundia*

Precedente de la autonomía para el Sáhara: la concedida por la España franquista

Ocurre demasiadas veces que lo que se cree inaugural y nuevo no lo es tanto. Son muchas ya las voces partidarias de sustituir el derecho de autodeterminación que acompañaba a los ya anacrónicos procesos de descolonización y resoluciones de Naciones Unidas, por una amplia autonomía para el Sáhara, en  la que el Estado marroquí se reservará una serie de competencias y símbolos decisivos: bandera, moneda, ejercito, asuntos exteriores…

Nada de eso sería totalmente nuevo ya que la España franquista impulsó la autonomía del Sáhara. Como aquella vez, la ausencia históricamente de entidad política propia del Sáhara, ha supuesto la idea de la autonomía concebida desde fuera del territorio, de los dos Estados que han mantenido al Sáhara bajo su legalidad y administración en las últimas décadas cuando poco.

España para la autonomía del Sáhara partió en todo momento de ficciones, siempre se acude a la tradición, a una tradición totalmente deformada para conceptuar de continuidad natural lo que en realidad es ruptura y nacimiento ex novo. Si bien forzando historia, conceptos, funciones reales se pudo hacer de la Yemaa parlamento general, de los notables tribales  figuras institucionales. Una sociedad nómada y fraccionada no deviene en nación (concepto burgués y europeo) por decreto. Los nacionalismos que han irrumpido súbitamente en la historia como en el caso español -todos  inventados a finales del S XIX- han recreado la historia con indebidas homologaciones e inaceptables adaptaciones institucionales. Como señaló Eric Hobsbawm, el nacionalismo no es más que una tradición inventada. Se comienza siempre por el final, por lo pretendido para luego fantasear la historia conforme a aquella idea previa. El nacionalismo saharaui es un invento muy posterior y el más retardado de todos, casualmente.

En 1958 España para evitar que los procesos descolonizadores le obligaran, optó  por  seguir el camino trazado por Portugal, con idéntico fin: tratar de que la descolonización no le afectara. Así hará del Sáhara provincia española y de sus habitantes españoles. Ocurre que no eran provincias homogéneas a las españolas, nunca podrían  ser Cuenca, Valencia o  Madrid.

Tienen esenciales diferencias culturales, religiosas, lingüísticas que impiden la asimilación. España en su afán de preservar sus colonias de los designios que Naciones Unidas y la época marcan, idea un sistema de autonomía para el Sáhara que en la España histórica no se puede gozar por tratarse de una dictadura férreamente centralista.

La composición  de la población en el Sáhara era entonces doble. Por un lado estaba la población aborigen mayoritaria, la saharaui propiamente, y por otro, la minoritaria, europea o española. El régimen autonómico estaba previsto y destinado tan solo a la población nativa, quedando excluidos de tal sistema los españoles de origen, que seguirían por completo bajo la legislación común española.

España se atiene a los límites étnicos de la autonomía: serán solo  los saharauis los que quedarían afectados por ella; regulados por sus propias instituciones y normas, como por costumbres y usos tradicionales, pero también quedando sometidos en determinados cuestiones al ordenamiento jurídico español. Es  decir a un sistema mixto.

La duplicidad de órganos afectaba  al régimen local y representativo, coexistiendo la Yemaa o asamblea general (de donde salían los representantes en el legislativo español) con los procuradores a Las Cortes españolas.

Otro tanto ocurría con la Justicia,  en la que se repetía esa fórmula de duplicidad: junto a la común española existía una justicia  “cheránica” (así la llamaban) que aplicaba el derecho musulmán y la costumbre, pero para cuya eventual impugnación debía acudirse  a la justicia ordinaria española.

No nos interesa la historia de este régimen autonómico diseñado por la España colonial, sino el paralelismo de duplicidad que también resultaría de una futura autonomía en el Sáhara dentro del Reino de Marruecos. Debemos tener presente que la separación que se dio en el Sáhara español entre saharauis y españoles originarios se volvería a suscitar entre saharauis originarios o nativos y los marroquíes de otras provincias. Se produciría tanto en el caso de la autodeterminación como bajo el régimen de autonomía.

La autonomía, creemos que debe quedar claro, no se aplica al territorio sino a la población de ese territorio. Es un lugar común del que se parte, cuando es la población realmente la titular del derecho. Ya no podría ser una autonomía para los saharauis originarios sino para todos. A no ser que se busque  incurrir  en una situación de apartheid.

Tampoco es justo presumir una voluntad colectiva compacta y homogénea de los saharauis. Ahora mismo ya existe representación saharaui elegida en las instituciones marroquíes, que han accedido a ellas a través de  los partidos políticos concurrentes. Por tanto es forzoso colegir que la autonomía solo respondería al deseo de una parte de la población nativa (separatista) y en ningún caso al conjunto nativo (los que se sienten a la vez marroquíes) ni a los procedentes de otras regiones  distintas de Marruecos. Es fundamental acotar esta realidad como ámbito humano o poblacional de eventual representación. No geográfico. La legitimidad no la da el territorio, ni la población es un todo monolítico con una sola voz.

Hay especialistas y pensadores  que niegan la existencia misma  de esas identidades colectivas específicas, como la de “pueblo”. Ahora se asignan a las personas identidades plurales de origen, sexo, inclinaciones, etc., o dobles y compartidas. Hasta para el concepto de identidad monolítica ha pasado el tiempo. Estamos inmersos en otros marcos conceptuales y vivenciales, más ricos y complejos.

Marruecos puede evitar en el futuro los enormes problemas  para la integridad territorial que el “Estado de las autonomías” ha generado en España. Aunque solo hayan afectado en un primer momento a las autonomías en las que ya  existían notorias tendencias centrífugas (País Vasco, Cataluña y Galicia) que con el tiempo se han disparado, añadiéndose nuevas como Valencia y Baleares. En una suerte de estallido en cadena del ansia secesionista. No hay que atender la mirada cortoplacista, la aparente resolución inmediata de un problema, que no suele ser el caso, sino por el contrario su aplazamiento con un mayor  enquistamiento, sirviendo de eficaz catalizador de  renovados conflictos secesionistas.

Nunca debe olvidarse que tanto en Quebec, Escocia y las regiones españolas cualquier referéndum nunca sería definitivo para los secesionistas de salirles adverso. Sin embargo si uno solo les resultara favorable, impedirían nuevos intentos que pudieran revocarlo. Marruecos no puede jugar con fuego. España ha demostrado que determinadas autonomías han sido la antesala de las pretensiones separatistas, que lejos de conjurarlas las han desatado. Y España no está en el foco de miradas internacionales.

La eventual autonomía de las Provincias del sur llevaría a los amigos españoles del Polisario a incordiar también en Marruecos a mayor escala, constituyendo un factor de provocación intolerable como de desestabilización. Y no hay que olvidar que los momentos críticos no serían al tiempo de su institucionalización sino los posteriores y ya sin tregua. Nunca habría un solo acto resolutorio de nada, sino procesos estimulados.

Pensamos que las medidas de descentralización que previstas en la Constitución afectan a la totalidad del territorio de Marruecos, son suficientes. Y, según parece, la descentralización si es urgente por una cuestión de descongestión administrativa. Tras la experiencia española, no es nada conveniente anticiparse otorgando lo que no se ha pedido y no responde a una demanda real.

Por último afirmar nuevamente la trascendencia de la Constitución de Marruecos que  garantiza la  libertad e igualdad de todos los marroquíes. Los saharauis que terminen por reintegrarse al Reino deberán saber y valorar que se integran en un espacio regido por la Ley, en el que sus derechos fundamentales y libertades públicas estarán plenamente garantizados, y donde encontrarán las bases materiales  y funcionales para dar la mayor dignidad al sentido de sus vidas.

*José María Lizundia es escritor español, acaba de publicar su cuarto libro sobre el Sahara, es abogado, miembro de número del Instituto de Estudios Canarios y columnista en ELDIA.es

Un artículo para CPLATAM -Análisis Político en América Latina-

Julio, 2018

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