A quién, de verdad, darle el Premio Nobel

El año pasado, por segunda vez consecutiva, el nombre del presidente José Mujica sonó como el de un posible ganador del Premio Nobel de la Paz. Llegó octubre y, como era de esperarse, el premio fue para otros y bien otorgado fue.

¿Realmente reúne Mujica los requisitos para ganar un premio así? Más allá de una impresionante fama que trascendió fronteras (muchas veces porque en otros países la gente lo compara con sus nada austeros gobernantes), el asunto es determinar cuál fue el esfuerzo concreto, sostenido y decisorio, fuera o dentro de fronteras, que lo haría merecedor del premio. Se menciona algún intento para mediar en conflictos ajenos (el de Cuba con Estados Unidos y una poco clara intervención en Colombia), un par de discursos ante organismos internacionales, el hecho de que viva en su chacra y ande en un Fusca.

Importa que sea presidente de un país con firmes instituciones democráticas pese a que en el pasado y desde otro lugar, el propio Mujica quiso demoler esas instituciones. No deja de ser llamativo que cierre el círculo aceptando las reglas de juego que desafió y desde el cargo que ocupa. Sin embargo, nunca fue claro respecto a un posible arrepentimiento ni pidió disculpas por haber llegado a usar la violencia extrema como forma de hacer política.

Si hubiera que mirar quiénes incidieron en consolidar una forma de convivencia pacífica en Uruguay, como para otorgarles (vistos los resultados) un Premio Nobel de la Paz, habría que ir al período en que el país transitó de la dictadura a la democracia. Esos protagonistas terminaron construyendo una vida en paz para su país, si bien imperfecta e incompleta, que consolidó instituciones y permitió la alternancia de partidos en el gobierno e incluso facilitó que un guerrillero terminara siendo presidente. Esos deberían ser los verdaderos merecedores de un galardón como el mencionado. No hay otros, por más que se los busque.

Lamentablemente, Mujica no figuraría en una lista así, ya que no fue una figura clave en ese momento. Son estos los nombres, algunos ciertamente controvertidos pero que en ese momento y ante esa tarea, hicieron lo que había que hacer.

La paz en la convivencia política y social por la cual se luchó a mediados de los 80 es la que hoy disfruta Uruguay. Aquel proceso permitió una compleja, por momentos temerosa, pero necesaria salida democrática. Ella logró una democracia que, con sus luces y sus sombras, se mantiene hoy en Uruguay. En todo caso Mujica como fenómeno político es uno de los muchos resultados que deja una transición bien hecha, pensada para que la consolidación democrática fuera duradera.

Políticos, dirigentes sociales y sindicales, lideres estudiantiles, gente de la cultura fueron protagonistas de ese período. A riesgo de ser arbitrario, se me ocurre que una lista de ocho nombres de los dirigentes que más incidieron en aquel proceso sería representativa de todo lo que estuvo atrás. Ocho nombres que reflejan, algunos por ser tan controvertidos, lo complicado de aquellos tiempos, la necesidad de que el bando en retirada garantizara su salida y lo que implicó recorrer paso a paso esas instancias.

No todas las figuras que pondría en mi lista viven y por lo tanto no podrían recibir ese hipotético premio. La conformaría de la siguiente manera: Enrique Tarigo, Hugo Batalla, Alberto Zumarán, Julio Sanguinetti, Líber Seregni, Wilson Ferreira Aldunate, Juan Vicente Chiarino y Hugo Medina.

Habrá quienes cuestionen algunos nombres y quieran agregar otros. Está bien; toda lista es arbitraria y lo bueno es que genere discusión.

No fueron los únicos protagonistas, por cierto. Se podría pensar en Gonzalo Aguirre, Juan Young, José Pedro Cardoso, Luis Hierro, Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle, Juan Martín Posadas, Fernando Oliú, Carlos Julio Pereyra y tantos otros que se movieron en aquellos tiempos. O la gestión de Enrique Iglesias como canciller, decidido a poner al recién democratizado Uruguay en el mapa del mundo.

Una lista completa sería interminable, pero debería incluir a los jóvenes estudiantes de la llamada generación del 83, que primero desde sus modestas revistas en cada facultad y luego con la creación de la Asceep (a secas) jugaron un rol clave. O el de ciertos dirigentes sindicales, muy jóvenes entonces, como Lalo Fernández, Richard Read, el recientemente fallecido Juan Carlos Pereyra, Juan Pedro Ciganda, Daisy Tourné, Francisco Rama y tantos, tantos otros que integraron el PIT (también a secas).

Quizás porque me comprende como periodista debería ser cauteloso al señalarlo, pero hubo también una generación de periodistas jóvenes, algunos casi bisoños, que a través de los semanarios tuvieron un rol crucial en ese período. A ellos hay que sumar el conjunto de músicos que en grupos como Los que iban cantando o Rumbos (por mencionar apenas dos), cantantes como Fernando Cabrera, Ruben Olivera, el dúo Labarnois-Carrero, Estela Magnone, Abel García, Laura Canoura, Jaime Roos, Eduardo Darnauchans, Vera Sienra, Leo Maslíah y también una larga lista de gente que dejó su huella en ese momento de pacífica resistencia, con sus letras y sus cantos.

Por eso simbólicamente consideré que esa lista de ocho nombres resumía un esfuerzo más vasto y amplio. Como se verá, hay en esa lista figuras blancas, coloradas, frentistas, un cívico e incluso un militar.

Según como se lea, cada uno arqueará sus cejas con desconfianza y hasta fastidio ante ciertos nombres. Pero una mirada serena y ecuánime llevará a la conclusión de que todos ellos fueron fundamentales en ese entreverado proceso que comenzó en la década de los 80 y que culminó en noviembre del 89, cuando una segunda elección tras el fin de la dictadura permitió que el presidente de la República por un partido le pasara la banda al siguiente que era de otro partido.

No todos los que están en la lista participaron en las negociaciones del Club Naval y algunos estaban decididamente contra lo allí acordado. Pero el proceso fue más allá de dicho pacto, si bien ese fue su momento crucial.

Hubo actitudes, acciones y gestos a lo largo de esos años que facilitaron superar tensiones y apagar incendios en momentos de extrema sensibilidad. Y si bien la lista está compuesta por quienes estuvieron en la primera línea de ese proceso, insisto en que partidos, sindicatos, algunos militares, gremiales, periodistas y artistas tuvieron su rol.

Quienes vivieron ese período no deberían recordarlo con nostalgia. Fue crucial pero no bueno en sí mismo, porque si bien era imprescindible salir de la dictadura, mejor hubiera sido nunca haber entrado en ella. Pero importa porque mucho de lo bueno, y también de lo malo, que se vive en este presente es fruto de lo que aquellos hicieron.

En consecuencia, a la hora de pensar quiénes fueron los uruguayos que forjaron una paz duradera y un período de convivencia serena y madura, las miradas deben ir a esa época y a aquellos protagonistas. Si hubiera algún Premio Nobel retroactivo, a ellos correspondería.

Por Tomás Linn

AÑO 2015 Nº 1800 – MONTEVIDEO, 22 AL 28 DE ENERO DE 2015, SEMANARIO BÚSQUEDA.

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